24 sept 2012

Voy revolcándome en tus ojos tan enfermos,
maquillados de fluorescentes;
estas empezando a consumirme 

entre fragmentos densos y días grises. 
Nidos de reencuentros velatorios 


donde jugábamos a tener nuestra última despedida.
No existe tiempo que sostenga 

nuestras vagas ganas de querernos; 
Nadamos entre gestos y pretextos,

disfraces absurdos que ocultan tu odio y el mio;
Anestecias el dolor con un trozo de tu cuerpo

echado sobre el mio;

Tus huesos se balancean sutilmente en mi oído,
tus cadáveres se revuelcan en mis manos blancas,

muertas de tanto ardor y rencor;
almas repartidas, azarosamente,

en el cuarto oscuro del octavo insomnio,
las mañanas, con su olor fúnebre,

llegan abrazando mi espíritu vacío, 
entre humos eternos.
Miras el reloj y corres hacia algún refugio,
en mi pecho deshauciado, 
como un niño corrompido por una pesadilla, 

en el medio de la noche.
No llorés mas -le digo- 

vamos a acalambrarnos entre sonrisas 
y movimientos débiles 
pero prometeme que esta vez
no te vas a morir.

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