Incesante lluvia y ausencia
ahondan en mi cuerpo hastiado.
Infinidad de miradas furtivas,
lanzadas con devoción.
Un río inquieto de recelo,
en la noche tenue e intranquila.
Me zambullo en mis pensamientos,
tus pómulos de un blanco insólito,
me recorren tus caricias eternas;
tiendo a recorrer el mundo con un solo ojo
en el instante donde nuestro amor colapsa,
intercambiamos palabras embriagadoras,
nos acurrucamos en la infinitud del encuentro
y nos desvanecemos en la ternura irradiante de un beso.